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Diario del Concejal novato 2

Roberto Marbán. 10-01-2010

Nunca pensé que un artículo en un periódico local diera tanto que hablar ni que algunos de los concejales del Grupo de Gobierno tuvieran tan poco sentido del humor. Debe ser que la falta de sentido del humor es directamente proporcional a los sueldos que cobran que, fíjense ustedes, todavía alguno se atreve a decirme que ellos no cobran esas cantidades. He de decir, en honor a la verdad, que si bien es cierto que no las cobran en sus nóminas, cierto es que eso le cuesta al contribuyente. Me reafirmo entonces en lo dicho, los concejales liberados nos suponen a todos nosotros unos 4.000 euros al mes. Y, si me lo permiten, voy a tratar de explicárselo.

Verán: en la empresa privada, cuando deciden que necesitan un trabajador, lo primero que hacen es calcular el coste que supone este nuevo empleado. De esta forma alguien que recibe todos los meses unos 2.600 euros euros al mes líquidos, con una retención del 20%, más o menos, resulta que en realidad cuesta 3.120 euros (por cierto, no les recuerda esto a los futbolistas de elite, si hombre, aumento las retenciones y así, con un poco de suerte, cuando hago la declaración me sale a devolver o lo que es lo mismo, que los impuestos los paga el contribuyente). Si a esta cantidad le sumamos la seguridad social, que es del orden del 30%, nos salen 1.000 euros más (y ya vamos por 4.120 euros). A esta cifra hay que añadir las facturas de los gastos corrientes, de los teléfonos móviles, de los teléfonos fijos, de algún viajito que otro, de alguna comidita que otra (siempre de trabajo por supuesto), y el resultado es el que es.

Si quieren podemos hacer el planteamiento de otra manera: ¿cuánto se ahorraría el Ayuntamiento por cada concejal no liberado? (como es el caso del que les escribe). Pues se los digo: unos 4.000 euros al mes. Ahora les voy ha hacer la pregunta del millón: ¿los valen?, porque volviendo al símil empresarial, en el sector privado se paga por lo que uno produce o, dicho de otra manera, debes de cumplir unas metas y si no las consigues, adiós. Así que propongo que los políticos vayamos a nóminas por objetivos. Muy sencillo: que nos cierran la playa de La Disa por un vertido de aguas fecales, 10% de penalización; farolas que no funcionan, un 5%; una calle mal asfaltada, otro 5%; que las subvenciones para los libros de texto no cumplen los requisitos y se quedan un montón de niños sin ellas, pues que las paguen ellos de sus bolsillos y si no que aprendan a contar. Verían ustedes que entonces esto de la política tendría menos novios y novias de los que tiene.

El problema que veo es que se dispara con pólvora ajena y el dinero público no duele tanto como el privado. Me comentaba el otro día un empresario que los concejales del grupo de Gobierno empezarían a saber lo que es la crisis cuando en las siguientes elecciones algunos se quedaran sin echadero. Qué equivocado estaba. Estos, la crisis, ni la ven ni la esperan porque siempre les quedará el Cabildo o GESPLAM.

Cambiando de tercio he de reconocer que esto de la política también tiene sus cosas buenas. A veces incluso uno llega a casa contento por haber puesto su granito de arena como el otro día, que tuve un Concejo Escolar municipal. Este es un órgano que tiene representación en todos los colegios del municipio por medio de sus profesores y de sus alumnos y los partidos políticos (por medio de sus concejales), sindicatos y el Director del Área de Educación (cargo, este último, que deduje que existe para llamar por teléfono al Director General de Educación del Gobierno de Canarias. Curioso, oiga). La sesión empezó como todas, con retraso. Entonces se expusieron los distintos problemas, de los que uno me llamó la atención sobremanera: decían que había un montón de niños que, debido a la crisis, no estaban pudiendo hacer frente a los pagos de los comedores escolares y, como los presupuestos de los colegios eran limitados, llegaría un momento en que esta situación fuera insostenible. Presté atención pacientemente a las explicaciones de todos y a las posibles soluciones. Hubo algún sindicalista que propuso que asumieran los gastos los profesores que comían allí pagando un poco más, propuesta que fue rechazada por los docentes. De las cosas que allí se manifestaron lo que más me sorprendió fueron las explicaciones que daba el Director del Área de Educación. Contaba como llamaba por teléfono al Director General para tratar este asunto y, claro, estaban viendo cómo podían resolver el problema para el año que viene. Pero lo que se había gastado este año no sabían muy bien como acometerlo, sobre todo lo concerniente al gasto que seguiría corriendo durante el presente curso...etc. Y entonces uno que, para según que cosas, es muy mirao, aquello le tocó en el corazoncito e hice la pregunta del millón: “¿de cuánto dinero estamos hablando?”. Al silencio sepulcral le siguió la respuesta: “60.000 euros es lo que cuesta dar de comer a 150 niños un año”. “Pues muy bien”, aseveré yo, “de aquí no se mueve nadie hasta que el señor alcalde adquiera el compromiso de que los servicios sociales asuman los gastos mientras que los responsables de Educación siguen llamándose por teléfono, en vez de buscar el dinero”. Si rotunda fue mi respuesta, más lo fue la de Marcial Morales: “Eso… y además los desayunos obligatorios, que no me entere yo que se queda un niño con hambre en mi municipio”. Eso es Marcial, y dos huevos duros.

En fin, no quisiera despedirme sin un dato: El Ayuntamiento de Puerto del Rosario se gasta en sueldos de concejales y Alcalde, con seguridad social incluida, 500.000 euros al año. ¿Los valen?

 

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