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Tras los resultados electorales, tiempo de reflexión

Marlene Figueroa. 31-05-2011

Muchas cosas han cambiado después de mis últimos artículos de opinión en este medio. Tanto, que no sé si afrontarlo con optimismo o con una preocupación y reflexión profunda desde el punto de vista político.

Después de unos 20 años participando activamente en un proyecto político desde las bases y posteriormente en el ámbito publico durante dos legislaturas, la andadura ha sido dura, desde la convicción en las ideas, el diálogo, el consenso e integración de todos y todas, sin excluir a nadie que pueda pensar distinto, con el objetivo de mejorar el bienestar social de los ciudadanos.

Y llegamos a la última cita con las urnas, el 22 de mayo de 2011, donde en el caso de Canarias se elegía representación para Ayuntamientos, Cabildos y Parlamento. El ambiente que pude captar como observadora, y no como acreditada por mi propio partido, fue una baja participación y un alto porcentaje de votos en blanco y nulos que me hacen pensar que son muchos los "indignados" que aún no concentrados en las grandes ciudades se han pronunciado duramente a través de la urnas, limpia y democráticamente. Y hasta cierto punto lo comparto. Estos datos deben marcar tareas legislativas para corregir las reivindicaciones sociales y gobiernos que den credibilidad a los ciudadanos/as.

Los resultados electorales a algunos les podía sorprender. A mí, desde luego, no del todo, porque no son más que un reflejo de los avatares de estos últimos cuatro años en la diferentes instituciones, además del negativo funcionamiento orgánico de los diferentes partidos políticos. Sé, como todos los ciudadanos, que a pesar de esto, todos los partidos políticos hacen lecturas positivas de sus resultados, como ya se puede ver, oír y leer en los distintos medios de comunicación. En realidad parece una excusa cobarde para no corregir nada en el ámbito interno de las distintas fuerza políticas, aunque hay alguna excepción como es el caso de ERC en Cataluña, que ha optado por una regeneración profunda en su estructura interna.

Estas preocupaciones, no solo mía sino de muchos otros/as que por distintas circunstancias temen alzar la voz, me atrevo a analizar y reflexionar en voz alta los malos resultados de mi partido en esta convocatoria. En el ámbito nacional, no puedo obviar que ha tenido que afrontar propuestas por la UE, al igual que en otros países de nuestro entorno, que han implicado reformas legislativas con un alto coste social, cuyos frutos, sin duda, se verán en un fututo. Pero también es cierto que no se ha sabido comunicar, ni trasladar, a los ciudadanos la procedencia real de esta crisis y las soluciones de presente y futuro a la misma. Este coste social ha producido una pérdida entorno a un diez por ciento del electorado, sobre todo, en las ciudades de más de cincuenta mil habitantes. Y esta misma proporción es la que debiera trasladarse en Canarias. Pero, lamentablemente, no es así. Va más allá. Basta analizar el resultado del Parlamento de Canarias en esta convocatoria electoral, donde respecto de las elecciones del 2007, pasamos de 26 a 15 diputados: un cincuenta por ciento menos en representación parlamentaria. Caben muchas preguntas, aunque la más habitual es ¿por qué los ciudadanos nos castigan? Por mala gestión en las instituciones, pobre oposición, listas sin proyección social, falta de integración interna, división del partido, excesivo peso orgánico en la confección de listas electorales.

Siento tristeza de los resultados, como muchos compañeros y ciudadanos que reunidos la noche electoral para hacer lectura y análisis de los seis ayuntamientos, Cabildo y Parlamento, llegamos a la conclusión de que tiempos pasados fueron mejores. Sin duda no vale la pena analizar uno a uno, pues todos ustedes los conocen y debemos tener respeto a las decisiones que se toman en las urnas. Pero, desde luego, mucha de las preguntas anteriores tienen respuesta clara y contundente, que dan la razón a las reiteradas aportaciones que muchos compañeros/as del partido trasladamos en el ámbito interno, haciendo oídos sordos a las mismas.

Ya han hablado los ciudadanos, y en este momento le corresponde a los distintos partidos políticos la difícil tarea de conformar mayorías estables para la gobernabilidad de las instituciones. Espero que estas no supongan un nuevo o mayor desosiego, que se aplique el sentido común en la dura responsabilidad que queda por delante.

Aprovecho las últimas líneas de este artículo para saludar a los de la ola y a los del tsunami, y a los de la catarsis, por el esfuerzo. Estoy segura de que los mejores tiempos para el Partido Socialistas llegarán, con algunas rosas marchitas y domingos oscuros, pero con nuevos aires de renovación e integración. Mucha suerte a los demócratas.

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